Teología Insaciable: La relación dialéctica entre Dios y la humanidad.

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Creer en Cristo es mucho mas que acuñar ciertas ideas y recitarlas de memoria o condicionar nuestras acciones basándonos en cierto tipo de código moral pre establecido. La experiencia trascendental de ¨conocer a Dios¨ es un evento que conmueve y trastoca absolutamente todo en un individuo. Todo cambia después de semejante acontecimiento, porque esto no puede ser alcanzado solamente desde lo cognitivo sino que debe ser una experiencia integral y de primera mano.

Esta experiencia de primera mano es propia, atemporal y dinámica. Una vez que Cristo es revelado a su vida el individuo no podrá ignorarlo nunca mas y desde ese momento se inicia una interacción entre la persona y el Cristo resucitado. Esta se convierte en una especie de relación dialéctica, un proceso perpetuo de mejoramiento y transformación.

Pero este proceso debe mantenerse propio, atemporal y dinámico. En el momento en que se vuelve ajeno (prestado, imitado, mimetizado), temporal (histórico, nostálgico) y estático, es cuando deja de ser una experiencia con el Cristo vivo, puesto que en él vemos al Dios siempre actual, en constante movimiento, ilimitado, creativo y sentimental, aquel que eternamente responde ¨Yo Soy el que Soy¨ cuando le preguntan su nombre.

Un fenómeno similar se da en la comunidad cristiana. Las mismas condiciones pueden aplicarse al desarrollo de la experiencia social del Cristo resucitado. El elemento comunitario es sumamente importante para el proceso individual. Un ejemplo claro de esto sería que la mas sublime expresión del conocimiento de Cristo es darse en favor del otro. Es por eso que la comunidad cristiana es tan relevante. Pero si no se mantienen las condiciones óptimas para la interacción, esta se vuelve infructuosa y decadente.

El problema es que el ser humano tiene un vicio desagradable. Para poder disfrutar de una sensación tranquilizadora de estabilidad se ha vuelto adicto al control. Es ahí donde, en su afán de poseer estabilidad en la interacción, modifica y manipula las condiciones óptimas que le proveían crecimiento, relevancia y desarrollo, para suplantarlas con rituales vacíos, sin esencia, generando una cultura idolátrica. Hacen que la interacción con Dios se vuelva algo absolutamente profano, estableciendo sus formas de adoración y su manera de experimentar a Cristo como indispensables e inamovibles. Le paso al pueblo de Israel y nos pasa hoy también. (Ellos le llamaron la Ley; la iglesia a veces le llamo la Ortodoxia; hoy nosotros le llamamos Sana Doctrina)

Esta búsqueda obsesiva de un escenario donde la práctica de la fe encuentra estabilidad por medio del control de la misma, ha hecho que se cometan los mismos errores una y otra vez, a través de los siglos en la historia de la iglesia cristiana. Pero podemos dejar de ser esclavos de la tradición, podemos dejar de simplemente intentar re-vivir el pasado. La iglesia debe volver al fundamento que es Cristo y eso significa que debemos deconstruir todo lo que conocemos para llegar hasta nuestras bases y construir nuevamente, para que otra vez, dentro de un tiempo (cuando nuevamente perdamos de vista porque hacemos lo que hacemos) eso vuelva a deconstruirse hasta llegar a Cristo. Esa es la relación dialéctica entre la iglesia y su Cristo.

Es por eso que nos rehusamos a tener una experiencia de segunda mano. No vamos a permitir que nos enseñen un método sobre cómo experimentar a Dios. Queremos ser parte de una conversación, ser parte del diálogo. Queremos vivir nuestra experiencia, propia, atemporal y dinámica. Pero tampoco queremos cometer el error de creer que encontramos la fórmula. No queremos pretender que entendemos. No nos interesa tener la respuesta correcta, sino mas bien, hacer la pregunta correcta. Una pregunta que nos lleve a comprender mejor nuestro entorno. Una pregunta que nos haga repensarnos, reflexionar sobre nuestro pasado y nuestro presente para que en el futuro seamos mas parecidos a Cristo.

Proponemos que para poder mantener saludable nuestra relación dialéctica con el Cristo resucitado tenemos que respetar las condiciones de esta interacción. El orden natural es la oscilación, es el movimiento, es la dinámica. Lo que se estanca se pudre. Lo estático se atrofia. Lo rígido se quiebra. Jesús luchó contra los sistemas de opresión que pretendían estandarizar a las masas. Jesús luchó contra las concepciones religiosas cerradas que discriminan y aíslan a quienes no experimentan a Dios como se espera que lo hagan. Jesús luchó contra la explotación sistematizada, legitimada deshonestamente por la religión (aún cuando sus líderes tenían buenas intenciones.)

Esto es la teología insaciable. Estamos insatisfechos con lo que vemos hoy, queremos ver el futuro. Queremos ser voz profética que denuncie los abusos y los excesos, que ayude a que juntos podamos aprender del pasado. Queremos honrar a quienes nos precedieron, a nuestros líderes, a nuestros padres, y tomar la responsabilidad que demanda la tarea de servir a la iglesia. Queremos ser ministros de transformación, no una transformación superficial sino radical. Queremos ser quienes se rebelen contra el mundo en la manera en que Jesús nos pidió que fuésemos. Queremos vivir la relación dialéctica con el Cristo resucitado y vivir la perpetua transformación hasta llegar a su plenitud y ser semejantes a él en todo. No nos interesa tener la razón, no nos interesa ganar, pero no vamos a perder.

Por: Rodrigo Guerra

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